PAGA Y CALLA

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Desgraciadamente, la buena educación es un valor a la baja. Y ser cliente, en demasiados casos, es sinónimo de no ser nada.

 
No digo nada nuevo si digo que nuestra sociedad cada vez tiene menos gracia. No digo nada nuevo si digo que crece la mala educación. No digo nada nuevo si digo que todo apesta cada día un poco más a mierda. Al menos en Barcelona a principios de 2010. Ni idea de cómo andarán por Albacete o Manhattan, pero por estos lares cada vez hay más mierda, y la mierda se expande. Ya hace tiempo que doy por perdida la batalla de que alguien se levante para ceder su asiento a una mujer o a un anciano en el autobús. Decir buenos días o gracias parece cada vez más en desuso. 

Bueno… Al fin y al cabo, son gestos por los que a cambio uno sólo obtiene la propia satisfacción personal de sentirse un caballero. En fin, que los de mi generación habremos visto demasiadas películas del hollywood de antes, el del verdadero star system, el de los actores afeitados y bien peinados, el de las actrices a las que uno no soñaba con follarse, sino con casarse. Yo soy fiel a la buena eduación, la única religión en la que creo. Si todos fuéramos más educados, el mundo probablemente iría mejor. Seguro que iría mejor. El problema de la falta de clase y estilo es que se está extendiendo como una mancha de aceite y no distingue, porque devolver un buenos días a un vecino no es obligatrorio; es sólo lo que se debería hacer, pero en fin… ser educado es una opción. Allá cada cual, al vecino no se le debe nada. 

Pero, ¿y cuándo somos clientes? Pues por lo que estoy viendo o viviendo últimamente, la mancha de la mala eduación ha llegado hasta la relación vendedor-cliente.  Hoy ser cliente ya no da derecho a nada. Se ha pasado de “El cliente siempre tiene la razón” al “paga y calla”. En la mayoría de gasolineras, en lugar de ser atendido, uno se tiene que buscar la vida y meterse en el papel de empleado de Cepsa. Al fin y al cabo sólo se trata de manipular un material inflamable…. Joder… En un mundo tan lleno de pirados… Qué raro que no se haya quemado nadie a lo bonzo…. En fin… Tras llenar el depósito tú mismo, ve luego a pagar a la caja que hay dentro de la tienda, ubicada normalmente al fondo de un corto pasillo flanqueado por estantes repletos de todo tipo de chocolatinas, chuches y revistas del corazón. Lo mismo ocurre en algunas cafeterías que en lugar de servir en las mesas, prefieren que los clientes hagan cola en la barra y se lleven su desayuno en una bandeja, previo pago, que aquí no se fía ni a Dios.

 Y claro, como por las mesas no pasa nadie del local, probablemente le toque al cliente retirar la bandeja de los que han desayunado antes. Lo último con lo que me he encontrado en cuanto a la falta de atención al cliente se refiere, lo están llevando a cabo muchas inmobiliarias, que en lugar de enseñar el piso cliente por cliente, citan a cuantos más mejor a una hora y venga, todos a subir de 4 en 4 al ascensor. Cuando llegas al piso, en lugar de una vivienda parece la escena de un crimen: todo de gente entrando y saliendo de las distintas habitaciones buscando pruebas por todos los rincones…. 

     Por último, quiero contar lo que me ocurrió la última vez que fui al cine, un domingo de enero, sesión de tarde, sala a reventar para ver la última de Clooney. Toda la sala guardó un silencio respetuoso durante la proyección. No acudió (ni se le echó en falta) el típico gilipollas que habla en voz alta jodiendo al resto de espectadores. No. Milagrosamente, fuimos unas 700 personas respetándonos todos. Lo pensé de vuelta a casa, caminando pegado a las fachadas para resguardarme de la lluvia. Y pensé: hostia, 700 personas educadas juntas, compartiendo una película. Puede que sólo se tratara de una bendita casualidad. O puede que, como en casi todo, hay una mayoría silenciosa que es la que vale la pena aunque pasa inadvertida, y una minoría insoportable pero muy ruidosa, como los ultras en los campos de primera. A saber.


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Mónica García

Estoy de acuerdo, la mala educación y la falta de civismo se extiende, pero por eso mismo no hay que emular a los cafres, sino combatirlos poniendo más enfasis en los buenos modales y no exponiéndonos a lugares y personas con los que no nos sintamos contentos y tratados como corresponde. ¡Arriba el amor a uno mismo y a los que son tan valiosos como nosotros!

   

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