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El agua, una molécula simple y extraña.
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El agua, puede ser considerada como el líquido de la vida. No hay que olvidar que el agua ha sido usada como un símbolo de purificación en muchas religiones incluyendo la cristiana.
Se puede sobrevivir durante muchas semanas sin alimento sólido. Pero sin agua no se resiste más de unos pocos días. La falta de agua provoca en el cuerpo unos cambios que a menudo son la causa de síntomas leves a los que apenas se presta atención.
El agua se necesita en la formación de nuestro cuerpo y en todos los procesos biológicos que realiza. Se calcula que un adulto necesita ingerir a diario unos dos litros y medio de agua. El primer paso para solucionar muchos problemas de salud, sobre todo en su fase inicial, puede ser tan simple como tomar diariamente una cantidad abundante de agua. Los dos litros y medio de agua que conviene beber cada día deben repartirse a lo largo de la jornada. No hay que beber una gran cantidad de golpe sino de ir tomando pequeñas cantidades para hidratar el organismo. Es necesario recordar que por cada hora de actividad física vigorosa, especialmente cuando la temperatura y la humedad ambientales son altas, hay que beber un litro más. En cuanto a la elección del agua, las más recomendables son las de mineralización débil o muy débil. ¿Todas las bebidas sirven para hidratarse? No. El agua pura es, sin duda, la bebida por excelencia. Esto nos lleva a otra cuestión de vital importancia. La calidad del agua que consumimos es fundamental para la salud. Cuidar de la propia salud pasa cada vez más por cuidar del entorno. A medida que la Tierra padece, a medida que contaminamos su atmósfera, sus aguas y sus suelos, las enfermedades aumentan. El agua potable salva más vidas que todas las instituciones médicas alrededor del mundo. La ONU ha informado que el agua contaminada causa el 80% de las enfermedades del mundo. La mayor parte de los que sufren estas enfermedades son niños menores de 5 años. Aunque muchos de estos problemas se dan en los países en desarrollo no conviene olvidar que la mayoría de las grandes ciudades tienen actualmente importantes problemas debido a la contaminación a la que se encuentran expuestos sus habitantes. Y si nosotros como habitantes de estas ciudades estamos expuestos a esta contaminación, el agua que consumimos también lo está. Los científicos empiezan a comprender que todos los seres humanos de la Tierra llevan cientos de toxinas bioacumulativas persistentes en el cuerpo (sustancias químicas que permanecen en nuestro cuerpo a lo largo del tiempo). Parece que no nos afectan, pero ahí están las señales de que sí hay consecuencias (el asma infantil, el descenso de la cantidad de espermatozoides, los problemas de fertilidad,...). Si cuidamos los cuerpos con los que hemos nacido, también deberíamos cuidar a la Tierra que les dio la vida y nos mantiene cada día con su aire, agua, alimento y cobijo. El decálogo del buen bebedor de agua:
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